Ded. Basílica de Letrán (9 de
nov) (Id=740)
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Grande y admirable es Dios en su santuario. Dios da fuerza y poder a su pueblo.
Bendito sea Dios.
Vidi civitatem sanctam,
Ierúsalem novam, descendéntem de caelo a Deo, parátam sicut
sponsam ornátam viro suo.
Oración Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, derrama tu gracia sobre este lugar de oración y
socorre a cuantos en él invocan tu nombre; que la fuerza de tu palabra y la
eficacia de tus sacramentos fortalezcan
el corazón de los fieles que aquí se congregan.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Vi salir agua del templo: era un agua que daba vida y fertilidad
Lectura del libro del profeta Ezequiel
47, 1-2.8-9.12
En aquellos tiempos, un hombre me llevó a
la entrada del templo, y vi que debajo del umbral,
por el lado oriental hacia el que mira la fachada del templo, brotaba una
corriente de agua. El agua bajaba por el lado derecho del templo hasta la parte
sur del altar. Luego me hizo salir por el pórtico norte y dar la vuelta hasta
el pórtico exterior que mira hacia oriente, y vi que
las aguas corrían por el lado derecho. Aquel hombre me dijo:
"Estas aguas van hacia la región oriental, bajan al Arabá,
y desembocan en el mar Muerto, cuyas aguas quedarán saneadas. Todo ser viviente
que se mueva por donde pasa
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Sal 45, 2-3.5-6.4cd-9
Un río alegra la ciudad de Dios.
Flúminis rivi laetíficant
civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.
Dios es nuestro refugio y fortaleza,
nuestro auxilio oportuno en el peligro. Por eso no tememos, aunque tiemble la
tierra y los cimientos de la tierra se desplomen en el mar.
Un río alegra la ciudad de Dios.
Flúminis rivi laetíficant
civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.
Los canales de un río alegran la ciudad
de Dios, la más santa morada del Altísimo. Dios está en medio de ella, no puede
ser destruida; Dios la socorre al despuntar la aurora.
Un río alegra la ciudad de Dios.
Flúminis rivi laetíficant
civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.
El Señor todopoderoso está con nosotros,
nuestra defensa es el Dios de Jacob. Vengan a ver las obras del Señor, los
prodigios que hace en la tierra.
Un río alegra la ciudad de Dios.
Flúminis rivi laetíficant
civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.
Ustedes son templos de Dios
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Corintios
3, 9c-11.16-17
Hermanos: Ustedes son casa que Dios
edifica. Conforme al don que Dios me ha concedido, yo, como sabio arquitecto,
puse los cimientos; otro levanta el edificio. Pero que cada cual mire cómo
construye. Desde luego, nadie puede poner un cimiento distinto al que ya está
puesto, y este cimiento es Jesucristo.
¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo
de Dios es santo, y ese templo son ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
He elegido y santificado este lugar, dice el Señor, para que siempre habite
allí mi nombre.
Elégi et sanctificávi locum istum, dicit
Dóminus, ut sit nomen ibi
in sempitérnum.
Aleluya.
Jesús hablaba del templo de su cuerpo
† Lectura del santo Evangelio según san Juan
2, 13-22
Gloria a ti, Señor.
Como ya se acercaba la fiesta de la pascua de
los judíos, Jesús fue a Jerusalén. En el templo se
encontró con los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; también a los
cambistas de dinero con sus mesas. Al ver aquello, Jesús hizo un látigo de
cordeles y los echó del templo a todos, con sus ovejas y bueyes; volcó las
mesas de los cambistas y les tiró al suelo las monedas; y a los vendedores de
palomas les dijo:
"Quiten esto de aquí: no conviertan en un mercado la casa de mi
Padre".
En ese momento sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo
por tu casa me devora. Intervinieron los judíos y le preguntaron:
"¿Qué señal nos das como prueba de tu autoridad para actuar así?"
Jesús respondió:
"Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo".
Replicaron los judíos:
"Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y piensas
tú reconstruirlo en tres días?"
Pero el templo del que Jesús hablaba era su propio cuerpo. Por eso, cuando
resucitó Jesús de entre los muertos, recordaron sus discípulos lo que había
dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que él había pronunciado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Hermanos y hermanas: Como miembros integrados en la construcción de la Iglesia
y convertidos en piedras vivas del templo donde Dios habita con su pueblo,
dirijamos nuestra oración al Padre y supliquémosle por todos los seres humanos:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos, Señor).
Para que la Iglesia de Dios, reunida en Roma
alrededor de su obispo, el Papa Juan Pablo II, se enriquezca con los dones del
Espíritu Santo y realice su misión de presidir en el amor a las demás
comunidades cristianas esparcidas por el mundo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para que cada una de las parroquias y
comunidades de Roma, con su presbíteros y diáconos,
sean ejemplo de vida cristiana y fermento de unidad para todos los que
peregrinan a aquella ciudad buscando el centro de la unidad católica y de la
comunión de todos los que creen en Cristo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para que todos los que viven rodeados de
materialismo o se ven oprimidos por la miseria o el sufrimiento, descubran y
deseen el cielo nuevo y la tierra nueva de los cuales es imagen y primicia la
Iglesia, peregrina en el mundo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Para que todos nosotros, incorporados al
pueblo de Dios por el bautismo, nos gloriemos siempre de pertenecer a la
Iglesia y confesemos con valentía la fe que hemos recibido de ella, roguemos al
Señor.
Te lo pedimos, Señor.
Celebrante:
Señor del cielo y de la tierra, que no puedes ser contenido en ningún sitio,
pero que has querido significar tu presencia entre los seres humanos por medio
de edificios consagrados a tu nombre, escucha nuestra oración; y a nosotros, y
a todos los que con espíritu de oración acuden a la basílica de Letrán, concédenos los bienes que te hemos pedido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Al hacer memoria del día en que te dignaste
llenar tu casa de gloria y santidad, te pedimos, Señor, que nos transformes en
ofrendas agradables a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio del templo de Dios que es la Iglesia
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber salvación, darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro.
Porque en esta casa visible que hemos construido, donde reúnes y proteges sin
cesar a esta familia que hacia ti peregrina, manifiestas y realizas de manera
admirable el misterio de tu comunión con nosotros. En este lugar, Señor, tú vas
edificando aquel templo que somos nosotros, y así la Iglesia, extendida por
toda la tierra, crece unida, como Cuerpo de Cristo, hasta llegar a ser
Jerusalén
Por eso,
Señor, te celebramos en el templo de tu gloria, y con todos los ángeles te
bendecimos y te glorificamos diciendo:
[Misa]
Somos templo de Dios y el Espíritu de
Dios habita en nosotros. El santuario de Dios es sagrado: nosotros somos ese
santuario.
Tamquam lápides vivi
superaedificámini, domus spiritális, sacerdótium sanctum.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor y Dios nuestro, que has querido hacer de la Iglesia signo temporal de la
Jerusalén del cielo; concede a tus siervos, por la participación en este
sacramento, ser transformados en templos del Espíritu y entrar en el reino de
tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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